DANIEL JONES

Daniel JonesUn triste día del otoño de 2002 Daniel Jones dejaba la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), a la que había estado vinculado como estudiante y como docente durante casi cinco lustros. Yo le ayudaba a cargar sus cajas de libros y documentos diversos en una camioneta, simbólicamente aparcada en la puerta trasera de la Facultad de Ciencias de la Comunicación. Se marchó decepcionado porque la UAB no supo (o no quiso) reconocer su trayectoria y facilitarle el acceso a una plaza estable que le permitiera centrar su carrera en la universidad pública, que era su auténtico anhelo.

Al marcharse, dejó una carta de despedida, que yo misma repartí, a petición suya, por los buzones de todo el profesorado de la Facultad. Una carta que terminaba así: “En resumen, quiero que sepáis por mí mismo cuáles son las razones por las que he decidido dejar el Departamento: quise ser profesor titular desde 1993, y creo que tengo los suficientes méritos académicos, docentes y de investigación demostrados durante casi un cuarto de siglo. Por eso, si no me he presentado a los pertinentes tribunales públicos no ha sido por desidia o desinterés, sino porque jamás tuve la más mínima oportunidad de hacerlo. Tras años y años de dar clases como profesor asociado, he decidido dejarlo, por razones, sobre todo, de cansancio físico…”.

Yo era entonces bastante joven, llevaba muy poco tiempo en la UAB, y solo podía contemplar con estupor cómo dejaban marcharse a la persona que fue para mí, desde la segunda conversación que mantuvimos, un irrepetible modelo a seguir: por su rigurosa forma de trabajar, por su exquisito trato, por su extraordinaria generosidad y, sobre todo, por sus contundentes reacciones ante la injusticia… Con el tiempo comprendí (él me ayudó a hacerlo) que estas cualidades poco cuentan para hacer carrera en nuestras universidades. Más bien son un lastre: ¿por qué apostar por alguien que no se sentirá súbdito de quien le ha abierto las puertas y que, además, despuntará de inmediato con luz propia?

En todo caso, los pocos meses que coincidimos en la Universidad Autónoma de Barcelona fueron más que suficientes para estrechar entre nosotros unos lazos que el tiempo, hasta hoy, no ha hecho más que reforzar.

Dos años después de su muerte, en la primavera de 2009, viajé a Buenos Aires, donde está enterrado, y, tras un inolvidable encuentro con sus hermanas Christine y Lillian (y con su sobrina Virginia), empecé a pensar que los pequeños homenajes que le habíamos hecho hasta entonces (siempre agradeceré a Ferran Toutain el monográfico de Trípodos dedicado a su memoria) no eran suficientes. Ellas me pidieron que intentara interpretar la voluntad de Daniel con respecto a su excelente biblioteca personal, que atesoraba unos 8.000 volúmenes. Yo sabía que no tenía nada claro a quién donarla porque así me lo había hecho explícito cuando daba vueltas a un testamento que nunca llegó a redactar.

Con los precedentes descritos, lógicamente, siempre tuve reparos a ceder este precioso regalo a la Biblioteca de Comunicación de la UAB, por más que me constaba su buena relación y admiración por el personal de la misma. No obstante, no dejaba de ser el lugar ideal, porque allí había trabajado durante muchos años y porque es una biblioteca pública de mucha calidad, con evidentes perspectivas de perdurabilidad en el tiempo, a la que aún continúan viniendo muchos jóvenes investigadores de América Latina.

Mientras daba vueltas a tan sensible encargo, por otros motivos, iba también madurando la idea de crear un grupo de investigación adscrito al Departamento de Medios, Comunicación y Cultura, donde, tras un largo periplo, obtuve mi titularidad en el otoño de 2010. De algún modo siento que esta titularidad es de los dos: su constante apoyo fue crucial para que nunca dejara de denunciar a los que tanta energía desperdiciaron para que no la lograra…

En este contexto, un día, no sé muy bien cómo, pensé que este nuevo grupo de investigación habría de reconocer el legado de Daniel… Y de ahí a adoptar su nombre, medió muy poco. Propuse la idea al equipo y fue muy bien acogida: por los que lo conocieron y por los que solo han podido leerlo y escuchar mis frecuentes referencias a él. A todos quiero agradecerles que me hayan permitido hacer realidad este pequeño homenaje a una persona que tanto ha marcado mi trayectoria intelectual y mi manera de relacionarme con el entorno. La familia también vio con buenos ojos la idea. Y los amigos… La compañía de Miguel en este trayecto ha sido mucho más importante de lo que seguramente piensa.

Cuando decidimos poner en marcha el grupo, de repente, la donación del fondo bibliográfico (y documental) cobraba todo el sentido. La excelente predisposición de la Biblioteca de Comunicación de la UAB, que conservará el legado siempre unido y perfectamente identificado, facilitó aún más las cosas. La labor de Maria Antònia Galceran y Teresa Santos ha sido impecable.

Devolvemos, por tanto, de algún modo, a Daniel Jones a la Universidad que nunca debió dejarle marchar. No sé si habré sido capaz de interpretar bien lo que él hubiera querido. Confío en que sí. En todo caso, lo he hecho lo mejor que he sabido, y solo por eso sé que cuento con su aprobación.

Isabel Fernández Alonso

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Más detalles sobre la persona y la trayectoria intelectual de Daniel Jones:

Currículum de Daniel Jones

“Daniel E. Jones, amigo y maestro”. Por Isabel Fernández Alonso,
en Revista Argentina de Comunicación, nº 2, 2007, páginas 247-255.